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Viernes, 29 de Enero de 2010 05:00 HUANTA/ ALIX APONTE
 
     Las pérdidas materiales son incalculables. Los primeros registros del Comité de Defensa Civil, señalan que cientos de familias lo perdieron todo. Las casas inundadas con agua y lodo mostraban una patética escena de destrucción y desolación. Artefactos eléctricos flotaban y el nivel de agua llegó hasta los tres metros de altura. Los catres, colchones, vestido, enseres, alimentos estaban enterrados en el fango y los animales menores ahogados.

LA TRAGEDIA COMENZÓ A LAS CINCO
   Eran las 5.45 de la tarde del último miércoles cuando una fuerte precipitación, acompañada de vientos huracanados, relámpagos y truenos se precipitó de tal manera, que nadie recuerda algo parecido en mucho tiempo en Huanta.  Transcurrido 30 minutos de torrencial lluvia, el sector de Huantachaca, Aqosqa y el Óvalo de Cinco Esquinas de la ciudad de Huanta,  era un caos. Cientos de madres, con sus hijos en los brazos, buscaban refugio en las partes altas de la ciudad. Familias íntegras luchaban denodadamente para rescatar algunas pertenencias que flotaban en el agua. En la mayoría de las viviendas, el nivel del agua llegó a 2 y 3 metros de altura.

   En estas condiciones, las viviendas colapsaban ante la aterradora mirada de la población.

CAUSAS DEL DESBORDE
    La precipitación pluvial hizo rebasar el cauce del río Wintuluyoq, cuya naciente está en las partes altas del valle de Huanta y converge como afluente de los ríos Tablachaca y Huantachaca, para terminar en la Pampa del Señor de Maynay.

   La fuerza de las aguas arrastró enormes piedras, las que se atascaron en el puente Tablachaca, represándose y se desbordó por las calles inundando las viviendas a su paso.
 
MAGNITUD DE LAS AGUAS
   La fuerza de las aguas a su pasó arrastró árboles sacados desde sus raíces, derribó postes de energía, colapsó cabinas de teléfono, inclusive arrastró y sepultó unidades de vehículos motorizados.

   Además reventó desde sus bases las estructuras de las pistas y veredas, colapsaron las redes de agua y desagüe. Y, lo más grave, inundó cientos de viviendas con una brutal arremetida. Las personas salvaron de morir ahogadas o arrastradas al treparse a los árboles o subirse a los techos de las viviendas.
 
PENSARON QUE ERA EL DILUVIO DEL MUNDO.
   El desborde del río Huantachaca registró patéticas escenas del terror y resignación, que vivió la población en ese momento. Muchos pobladores, entre ancianos, niños, mujeres y hombres de toda condición, elevaban plegarias al cielo. De rodillas, en el fango, con el rostro compungido por el dolor, creyeron que en ese instante todo se acababa. Pensaron que esta tragedia era el inicio del diluvio.

CADENA HUMANITARIA Y SAQUEO DE PERTENENCIAS
   La acción inmediata de socorrer a las víctimas de las familias damnificadas se inició de inmediata. Estuvo todo el contingente de la Policía Nacional del Perú, el Ejército Peruano, personal del hospital general de Huanta, de ESSALUD, trabajadores y funcionarios que dirigían las maquinarias pesadas de la Municipalidad Provincial de Huanta. Más tarde hizo su aparición un grupo del Cuerpo de Bomberos Voluntarios, que arribaron de la ciudad de Ayacucho.

   Así mismo se estableció una cadena humana de apoyo de todos. Periodistas que cubrían la información, metidos en el fango. Hombres, mujeres, mayores y menores, gente de toda condición alcanzando la mano de la solidaridad. Sin embargo también estaban sujetos inescrupulosos que con el pretexto de ayudar en la tarea de rescate saqueaban de una manera inaudita, llevándose las pocas pertenencias que podían haber quedado.

CAOS Y DESESPERACIÓN EN TAREAS DE RESCATE
   Pero la tragedia desnudó la falencia de una respuesta orgánica de los entes competentes en este tipo de desgracia. El Comité Provincial de Defensa Civil, la Policía Nacional del Perú, el Ejército Peruano, los funcionarios de la Municipalidad, el cuerpo de seguridad ciudadana demostró que Huanta y otros pueblos no están preparados para asumir y establecer una respuesta objetiva y cabal ante la magnitud de la desgracia.

   El momento de encausar el caudal de las aguas del río Huantachaca y la acción de socorrer a los damnificados y afectados, no tuvo control menos orientación planificada y orgánica.

   Todo era caos, desorden. La gente comprometida con el trabajo de paliar en algo la situación de las familias; pero también personas que absolutamente no hacían nada, pero que eran bien “observadores” alimentando el morbo y la curiosidad, dificultando la tarea de evacuación.
 
CIENTOS DE HECTÁREAS DE CULTIVOS ARRASADOS
   Si la ciudad vive momentos críticos, la situación de la población campesina que vive en la parte baja del valle de Huanta es igual o peor. La unión de los diferentes afluentes de los ríos Tablachaka, Aqosqa, Huantachaca, Huanza, Wintuluyoq, Perascucho  ha inundado extensas áreas de cultivo de estas zonas.

   De igual forma se confirmó que en estos ríos también arrasaron viviendas, causando pérdidas en los cultivos y crianza de animales que se levantan como prósperas micro empresas en Huanta.
 
PERNOCTARON EN LA PUERTA DE SUS VIVIENDAS
   La población afectada fue evacuada al Terminal Terrestre y a locales de instituciones educativas. Sin embargo, gran parte de la población se resignó a pernoctar en la puerta de sus viviendas destruidas, con la intención de proteger sus pertenencias de los malos elementos, que comprometían la trágica situación en la que se encontraban